MuOM y la profundidad del sonido

Artículo publicado en la Revista Sonograma el 29 de junio de 2021, por David Sitges Sardà. link

Tradicionalmente se atribuyen al sonido cuatro propiedades: la altura (grave/agudo), la intensidad (fuerte/flojo), el ritmo (corto/largo) y el timbre (aquello que nos permite discernir si el sonido que sentimos proviene de un piano, una batería, una voz…). Son propiedades objetivas y medibles. En este artículo hablaremos de una quinta propiedad de la que despacio hemos ido tomando conciencia gracias a nuestra trayectoria de más de diez años con el grupo vocal de canto de armónicos MuOM. Una propiedad que si bien como veremos no es del todo objetiva, no por eso es menos real. Se trata de la profundidad del sonido, que definiremos como aquel aspecto del sonido que solo se pone de manifiesto cuando las variaciones en las otras cuatro propiedades son mínimas, y que solo se revela cuando la escucha es atenta y curiosa. Una propiedad que como veremos es la piedra angular del arte del canto de armónicos.

El número de bits de información por segundo que el cerebro de los habitantes de los países “desarrollados” recibe de media hoy en día es mucho más elevado del que recibía hace 20 años. En paralelo a esta progresión geométrica de la contaminación informativa (especialmente de la visual) han proliferado también los programas de televisión en los cuales el talento artístico de los concursantes se evalúa, en las primeras fases, en base a una actuación que dura poco más de un minuto. Por lo tanto, el concursante solo tiene una opción: intentar por todos los medios captar la atención del espectador.

A las antípodas de este planteamiento es donde encontramos la música de MuOM, uno de los pocos grupos de canto de armónicos del mundo. MuOM suele empezar los conciertos entonando un solo acorde y manteniéndolo invariable durante dos o tres minutos. No hay nada más donde cogerse, ninguna melodía, ningún ritmo, ningún conato de captar la atención. Hay solo el sonido, simple y desnudo, esperando a ser contemplado. Hay solo 7 voces que, en su intento de ser invariables, revelan su vulnerabilidad e imperfección: pequeñas oscilaciones en la altura y la intensidad.

Si prestamos atención, escucharemos que en este acorde estático hay más de lo que parecía a primera vista. Podremos percatarnos como aflora otro plano sonoro que se superpone al de la voz entonada, el plano de los armónicos. Y es que mediante la técnica del canto difónico los cantantes de MuOM filtran el sonido a voluntad, explicitando y haciendo presentes ciertos armónicos, estas frecuencias que forman parte de la nota fundamental y la proporción de las cuales es el que define el timbre de un instrumento. (Para saber más puedes leer nuestro artículo: “Qué es el canto de armónicos?“) Son los armónicos de las voces perfectamente encajadas, junto con las otras pequeñas oscilaciones, los que dotan al sonido de su profundidad, los que hacen que un acorde sea vivo, vibrante y cambiante, independientemente de su duración. Una nota, un acorde sostenido dos o tres minutos provoca que la mente, tarde o temprano, se diga a sí misma: “esto es siempre igual”. Pero si en lugar de escuchar la mente, se escucha el sonido, se dará cuenta que esta estaba equivocada, y descubrirá un mundo de matices que la mente casi aniquila en un juicio prematuro.

Cómo dijo Giacinto Scelsi, uno de los precursores de la música espectral: “reiterando una nota durante mucho tiempo, se hace tan grande, tan grande que incluso se escucha una armonía creciente dentro de ella…. Cuando entras en un sonido, el sonido te rodea y te conviertes en parte del sonido. Gradualmente, te consume y no necesitas otro sonido…. Todos los sonidos posibles están contenidos en él.”

El sonido que emiten nuestras voces no es nunca igual. Es profundo, tiene una dimensión vertical en la que cualquiera podría penetrar con su atención y descubrir todo un mundo de matices que escapan a la escucha superficial. Del mismo modo que un buen vino contiene todo un universo de sabores, el canto de armónicos nos revela que una sola nota contiene una riqueza prácticamente infinita… siempre y cuando renunciamos al consumo rápido. Y, cuando se asiste a un concierto de MuOM, no tiene más remedio!

Cuando escuchamos verdaderamente entramos en el momento presente. Este es uno de los poderes de la música, y como decía Abraham Maslow, uno de los padres de la psicología humanista, la presencia es una de las piedras angulares de la salud. Como tantas tradiciones espirituales y esotéricas apuntan, el momento presente es la puerta de entrada a la eternidad. Así, en un mundo cada vez más veloz, donde los seres humanos vivimos absortos en las pantallas y en el frenesí, MuOM propone una parada en seco. Y es precisamente esto, quizás, más que las voces, las luces, la estética y el ritual del concierto, el que verdaderamente impacta los asistentes a nuestros conciertos: el hecho de haber entrado en contacto, por unos momentos y sin ni siquiera proponérselo, con la eternidad.